
Por Carlos Rang (Consejo Directivo Provincial)
Para la reconstrucción de una Patria para los trabajadores debemos prepararnos y dedicar nuestro tiempo como única tarea estratégica para organizar la victoria.
Porque hoy la patria no solo duele, sino que está siendo rematada en el altar de los mercados, de los grandes fondos financieros, las plataformas, las IA del imperialismo.
Este artículo no intenta mostrar una estadística fría; es el acta de defunción que el gobierno de la reacción quiere firmar para la clase trabajadora argentina.
No estamos ante una crisis económica más, estamos ante una guerra de clases declarada desde el Estado contra el pueblo trabajador, ejecutada por un gobierno que no es más que el brazo administrativo de los intereses imperiales en su llamado patio trasero.
Primarización y saqueo
Desde que asumió esta gestión, la destrucción de la fuerza de trabajo ha sido sistemática. No es impericia, es un plan de primarización y saqueo.
La masacre del empleo donde hemos perdido más de 300.000 puestos de trabajo registrados es decir se destruye un empleo formal cada tres minutos.
La miseria como política de Estado donde el Salario Mínimo ha sido pulverizado, perdiendo casi un 40% de su poder adquisitivo.
Lo más doloroso es el hambre y la desnutrición infantil. Mientras el gobierno celebra el superávit fiscal, nuestras barriadas se hunden en la indigencia. Un niño que no come hoy es una patria sin futuro mañana. Han convertido el derecho humano a la alimentación en una variable de ajuste para pagar una deuda usurera y fraudulenta al capital transnacional.
Esta guerra de clases también se libra en el cuerpo de nuestros viejos y de nuestros enfermos. El ataque a las Obras Sociales y el desfinanciamiento de la Salud Pública no es ahorro, es un plan de exterminio silencioso. Buscan que la salud sea un privilegio de quien pueda pagarla, destruyendo el sistema solidario para beneficiar al lobby de las prepagas y los laboratorios. Con el vaciamiento de los hospitales y el recorte en medicamentos oncológicos, el tratamiento de la discapacidad es lisa y llanamente un crimen de lesa humanidad social.
El Estado vaciado
El Desguace y el ataque al corazón del desarrollo nacional es total, las políticas del gobierno constituyen un plan de destrucción del sistema público científico y tecnológico. Instituciones que son orgullo mundial como el CONICET, la CNEA, el INTA y el INTI están siendo asfixiadas.
No quieren que Argentina desarrolle su propia tecnología; nos quieren como una colonia exportadora de materia prima sin valor agregado, sin ciencia y sin tecnologías, para impedir que podamos llevar adelante nuestra liberación nacional y social.
A esto se suma el ataque brutal a las Universidades Públicas. Al desfinanciar la educación superior, no solo atacan el llamado ascenso social sino que buscan lobotomizar a la nación. Por eso las universidades están desfinanciadas: para que el conocimiento sea, otra vez, propiedad de las élites que sirven al imperio.
Represión por vía policial y judicial
Hoy vemos como el garrote del Imperialismo, la represión y persecución, muestra que este plan de hambre y rapiña no cierra sin palos. El gobierno ha instaurado está política de represión y criminalización de la protesta que no veíamos desde los años más oscuros. Con protocolos inconstitucionales y un despliegue de fuerzas federales que actúan como ejércitos de ocupación, el Gobierno de Milei pretende amedrentar a los que luchan en la calle para avanzar con la persecución política y el encarcelamiento de manifestantes utilizando el ciberpatrullaje impuesto por la IA Palantir.
Estamos viendo el armado de causas judiciales contra luchadores sociales, buscando tipificar la protesta como “terrorismo” para justificar el encierro y recrear el “enemigo subversivo” del plan Cóndor.
En ese marco, el Poder Judicial actúa como pelotón de fusilamiento de las conquistas populares. A los trabajadores estatales nos han marcado como el enemigo porque un Estado desmantelado en sus funciones estratégicas y populares no puede defender su soberanía.
La pérdida en nuestro sector es estremecedora. Un trabajador público ha perdido un acumulado de $11,5 millones en los últimos dos años y medio. Su salario real hoy está un 23% por debajo de lo que estaba en diciembre de 2023.
Imperialismo
El gobierno y su alineamiento carnal con el imperialismo norteamericano y el sionismo es la entrega planificada para sus intereses geopolíticos y de nuestros recursos estratégicos —minería, energía, tierras, agua— a cambio de un lugar como colonia de la periferia.
Estamos ante la rendición total de la soberanía nacional bajo los pies del Comando Sur.
Hoy vemos, y queda demostrado, que nuestras lucha parciales son insuficiente. No alcanza con resistir solamente, debemos cuestionarnos quién manda en la Argentina y disputarle el poder .
Nuestra tarea es política y es de clase. Para eso debemos construir fuerza social que rompa el aislamiento y unirnos a los sectores informales, desocupados, científicos y estudiantes, recuperando la alianza histórica del movimiento obrero y estudiantil para cambiar las correlaciones de fuerzas y terminar con el saqueo.
La única forma de frenar las reformas regresivas y la represión es con la acción de masas.
No hay salida institucional para los trabajadores por parte de los Neofacistas, ni de los moderados del centro, ni tampoco de los liberales de izquierda, ni de los Neoprogresistas. Hoy la clase trabajadora necesita una insurrección consciente y organizada.
Tenemos que construir una organización con capacidad de conducir el proceso hacia una verdadera soberanía popular, donde la clase trabajadora sea la artífices de su propia historia y destino.






