El Consejo Directivo Provincial celebra un nuevo avance en las causas de delitos de lesa humanidad en Córdoba, con la identificación por parte de la Justicia Federal de 12 compañeros y compañeras desaparecidas en el Centro Clandestino de Tortura y Muerte ‘La Perla’.
Se trata de los restos de 12 asesinados por la dictadura cívico-militar y eclesiástica, que tuvo en el multicondenado a prisión perpetua Luciano Benjamín Menéndez la cabeza del más siniestro plan de ejecución del terrorismo de Estado que se tenga memoria en el país.
Estos nuevos 12 cuerpos identificados en la zona Loma del Torito permitirán a las familias, los deudos y amigos recuperar al menos la tranquilidad de velar a sus muertos, derecho humano fundamental violado por la dictadura, a dar carácter clandestino al genocidio que implementó contra su propio pueblo.
Valoramos el trabajo encomiable del Juzgado Federal Nº3, a cargo de Miguel Hugo Vaca Narvaja, para alcanzar este logro, destacando su compromiso, rigurosidad y humanidad, de la misma manera que en otra oportunidades hemos cuestionado la inacción judicial ante el reclamo de justicia de las familias de la víctimas del genocidio. 
Por los perfiles de las víctimas identificadas, hoy se puede comprobar una vez más que en alto porcentaje las personas que sufrieron la tortura y la muerte en los centros clandestinos eran trabajadores, obreros y dirigentes de base que expresaban las reivindicaciones de la clase trabajadora.
En ese marco, ATE convocó a la compañera Nora Cendra, trabajadora jubilada de la salud pública y ex presa política, que cumplió funciones en el hospital Santa María de Punilla e integró la conducción de dicha seccional, para que aporte sus reflexiones en torno a este momento de gran importancia para la memoria, la verdad y la justicia, sobre todo atento que en pocos días el pueblo argentino va a conmemorar, con marchas masivas en todo el país, el 50º aniversario del golpe de estado de 1976.
Los números de Nora
El hallazgo de los restos de 12 personas en Loma del Torito, ubicado dentro del predio del ex campo de exterminio La Perla, nos lleva a reflexionar sobre varias cuestiones.
- Primero, no fueron simples excesos los asesinatos cometidos por la dictadura cívico-militar eclesiástica de 1976. Fue un plan específicamente delineado para exterminar una parte de la población que ofrecía un modelo de país muy alejado de las pretensiones de los máximos poderes.
- Segundo, el plan sistemático de represión clandestino no fue dirigido solo hacia las organizaciones armadas. Su acción de terror y exterminio se extendió a todos aquellos que propiciaran ideología contraria a la dictadura. Esto incluía a cooperativas, estudiantes críticos, trabajadores rebeldes y, fundamentalmente, de los trabajadores organizados, aquellos con conciencia de clase que a través de los sindicatos representaban a gran cantidad de personas.
- Tercero, no fue un terror implementado solo por militares. Hubo conspiradores civiles que llevaron nombres de los denominados rebeldes al máximo representante del tercer cuerpo de ejército acá en Córdoba, Luciano Benjamín Menéndez. Entre ellos contamos, solo por nombrar a alguno, a Tránsito Rigatuso, que extendió a Menéndez una lista de todos los estudiantes rebeldes pertenecientes al Colegio Superior Manuel Belgrano, dejando como saldo más de de 20 desaparecidos y desaparecidas.

- Cuarto, el accionar y las demandas de las organizaciones de derechos humanos fue sucesivamente acallado y cajoneado por la justicia durante años, no solo de Córdoba, sino de todo el país. Hoy a través del juez que toma la causa en sus manos avanzamos en lo que debió haberse hecho ya hace tiempo. Celebramos que se haga ahora.
- Quinto, esto demuestra que el pacto de silencio en cuanto al destino de los desaparecidos sigue vigente y lo evidencia la cantidad de hijos, de nietos, de desaparecidos que aún falta encontrar.
La finalidad de todo el proceso de terror, tortura y muerte tenía un fin específico y claro: el económico. Se trataba de achicar el Estado para agrandar la nación, como solía decir el jefe civil de la dictadura Martínez de Hoz, de cambiar la mentalidad social desde la solidaridad hacia una conducta m individualista.
Se trataba también de desindustrializar el país y ajustarse a la política de endeudamiento del Fondo Monetario Internacional y otras organizaciones bancarias extranjeras. Para eso se impuso el desempleo y el temor para disciplinar la sociedad. Abriendo las importaciones se atacó la producción de riqueza nacional, al tiempo que se implementaron procesos de privatizaciones.
Hoy ese mismo proceso económico no necesita de militares ni armas, sino de un gobierno que no tenga en cuenta el Congreso, que vete leyes indispensables, que haga de la política una gran subasta de votos parlamentarios para conseguir sus fines.
Por eso podemos concluir que la finalidad del gobierno actual se emparenta siniestramente con la dictadura más terrible que vivió la argentina reciente. Milei, Martínez de Hoz y todos sus séquitos, se emparentan en la historia nacional.






