Soledad Segura es una periodista, especialista en comunicación, investigadora de CONICET y profesora de la Universidad Nacional de Córdoba y hoy, a las 17 horas, brindará una conferencia en el ciclo ‘Mano a Mano’ que organiza ATE Córdoba, para promover el debate sobre temas de interés para nuestra organización sindical y el campo popular en general.
Científica social, Segura publicó recientemente el libro “Public communication and democracy in Latin America” (Comunicación Pública y democracia en América Latina), de la editorial inglesa Palgrave Macmillan. Pero la intensa actividad que despliega desde hace años puede verse en la decenas de artículos ya publicados. Es autora, sola o conjuntamente con otros intelectuales, de 10 libros en la materia.
Siempre interesada y comprometida con combinar abordajes estructurales con temas de coyuntura que plantea la realidad, antes de dar su charla en ATE, brindó una entrevista a Radio Verdad, de Villa Dolores, donde explicó algunos de los temas que trata en su libro, que serán parte del contenido de la charla debate que realizará en la sede del Consejo Directivo Provincial.
Consultada sobre las condiciones en que se produce en discurso de odio en la actualidad, Segura explicó que estás conductas se basan en la fragmentación social imperante. “Esto tiene que ver con las condiciones en que se dan o recrudecen los discursos de odio o los negacionismos, discursos ofensivos, agresivos, humillantes, despectivos en general”, apunta.
-¿Cuáles son esas condiciones para que proliferen discursos de odio?
Estos problemas suelen tener su caldo de cultivo en condiciones sociales y políticas, parte de las cuales no son nuevas sino estructurales, a partir de enorme desigualdad social que hay en América Latina y en Argentina. Nuestra región no es la más pobre del mundo pero si es la más desigual y más inequitativa del mundo. Esa es una condición de fragmentación social, no tenemos todos iguales posibilidades y oportunidades.
Otras condiciones son el autoritarismo en nuestros vínculos sociales, las condiciones laborales, más allá de la típica mirada sobre el sistema político, la polarización política extrema, que en el Cono Sur nos ha llevado a dictaduras, a guerras civiles en nuestros países que implicaron genocidios.
Se suman el racismo específico de Latinoamérica -que no es el mismo de EE.UU. y de Europa-, el clasismo, el machismo, la homofobia, la misoginia, todos elementos históricos con larga data en nuestra región. Esta situación no es nueva: las noticias falsas, los discursos odiantes son tan antiguos como la historia de la humanidad. Sin embargo, tenemos la sensación que ahora son mucho más problemáticas porque están vinculados a ciertas condiciones novedosas, propias de nuestra época en los últimos tiempos, como las redes sociales.
-¿Como se afronta este clima de violencia discursiva?
Hay muchas estrategias para afrontar este clima social. Y se agrupan en dos conjuntos. Están las que aportan y contribuyen a buscar soluciones, pero son limitadas e insuficientes, como la alfabetización mediática y digital, impulsada muy fuertemente por UNESCO, en alianzas con instituciones públicas u organizaciones de diversos países, o las estrategias de observatorios y seguimiento de monitoreo de discurso público, como las organizaciones de fack checking (verificación de datos). En Argentina tenemos ‘Chequeado’, que es una de las más antiguas de la región.
Hay estrategias vinculadas al periodismo de datos, de investigación, otras relacionadas con la academia y la producción de conocimiento científico y la divulgación, la comunicación pública de la ciencia, todas estrategias que ayudan a distinguir lo verdadero de lo falso, cuando un discurso es engañoso.
-¿Qué efectividad tienen?
Hacen contribuciones pero son insuficientes porque son iniciativas aisladas, no constantes. Además, si bien pretenden dirigirse a públicos amplios, no los están alcanzando, es algo que circula más entre quienes nos dedicamos al periodismo o trabajamos en universidades, en la política. Son abordajes técnicas y comunicacionales.
Pero estos problemas no son de índole técnicos, sino esencialmente políticos. Es indisociable lo técnico de lo político. Van de la mano.
Las campañas de desinformación sirven para alimentar también discursos despectivos contra ciertos grupos sociales e incluso que incitan la violencia por el mero hecho de ser otros. Contra las mujeres por ser mujeres, contra las disidencias, los migrantes, pobres, pueblos originarios. En general estos discursos se ensañan con los grupos más vulnerabilizados de la sociedad. Y estas campañas odiantes y mentirosas son diseñadas, no aparecen espontáneamente. Esa es una sensación que generan las redes sociales.
Hay investigaciones de otros colegas que demuestran que estas campañas nacen de usinas de producción de ideas, think tanks, y de financiamiento de políticos, de periodistas, dirigentes sociales, influensers de redes, todos ultraconservadores y que actúan en muchos países y por eso no es casualidad que las campañas se llaman igual en distintos países y al mismo tiempo. Fue el caso de la campaña “con mis hijos no te metas” contra la educación sexual en las escuelas.
-¿Por qué las califica como políticas?
Hay intereses de grupos específicos contra otros grupos específicos de la sociedad porque hay una idea de la sociedad, un proyecto que es político.