El maltrato permanente durante los últimos años hacia los trabajadores municipales de la ciudad de Córdoba llega al extremo con el gobierno de Ramón Mestre (h).
Mientras se pone en tela de juicio la validez de las carpetas médicas que el propio municipio otorga a los compañeros, el intendente aprovecha la coyuntura para tercerizar el servicio médico, uniendo menosprecio al trabajador con el negocio para empresas privadas en el ámbito del Estado.
Esta situación evidencia un denominador en común con la década de los ’90, más vigente que nunca en nuestra Córdoba. Vemos manifestaciones similares en la mayoría de los intendentes de la provincia, con la diferencia que en la capital los salarios son sustancialmente mejores.
Pero la línea de pensamiento de Mestre es similar a la de sus colegas del interior: el trabajador siempre tiene la culpa y es motivo para privatizar funciones propias del Estado, como es en este caso otorgar licencias médicas y controlar su cumplimiento. Todo huele a demonización y negociado, para levantar cortinas de humo -muy densas- que oculten la falta de gestión sobre los problemas concretos que ven a diario los vecinos de la ciudad: baches, luminarias, cloacas, desagües, dispensarios abandonados, etc.
Desde ATE nos solidarizamos con todos y cada uno de los compañeros municipales de Córdoba, entendiendo que el respecto a la dignidad del trabajador es el primer escalón para cualquier gestión que se precie de mejorar la calidad de los servicios que brinda el Estado. Lamentablemente, este Mestre emula a su padre en el desprecio a los trabajadores pero carece, al mismo tiempo, de la obra pública que caracterizó el gobierno de su progenitor.
María Teresa Romero
Secretaria General
ATE Córdoba







