“Me llamo Germán Abdala, hijo de Manzur Abdala y de Ana Mercedes Fulca. Nací el 12 de febrero de 1955”, comienza una de las tantas semblanzas del fundador de la Agrupación Anusate, que conduce ATE desde la recuperación de la democracia, arrancando al gremio de los estatales de las garras de los burócratas colaboracionistas de la dictadura. No muchos pueden decir lo mismo.
Hincha de Boca Juniors, peronista de origen y frentista por vocación, morocho y argentino, su madre lo dio a luz en Santa Teresita, allá en el sur de la provincia de Buenos Aires, justo donde empieza el sur del mar Atlántico. “Caminé por muchos oficios tocando de oído en todas partes, pero eso sí, dejá bien asentado que por sobre todo fui y soy un militante popular”, supo relatar.
Junto a compañeros insignes como Víctor de Gennaro, Héctor Quagliaro, o más acá en Córdoba Oscar Cacho Mengarelli, Abdala no solo recuperó ATE para el campo popular sino que estableció una línea dentro de movimiento obrero, que derivaría en la lucha de la CGT en los ’80 contra el FMI, la resistencia al neoliberalismo y la fundación de la CTA durante el menemismo, el protagonismo de las luchas populares con la caída de la Convertibilidad y el 19 y 20 de diciembre y la gestación de una doctrina de defensa del Estado bajo la consigna “fortalecer el Estado para liberar la Nación”.
Su padre era comerciante como el abuelo, tenía negocio de ramos generales en ese entonces, como todos los turcos, y después se fue a Santa Teresita y puso un negocio. “Ahí nacimos mis dos hermanas, Analía y Mirta, y yo; tuvimos una infancia muy linda la verdad, una infancia con mucho contacto con la naturaleza, eso de andar en patas todo el día… Cerca del mar, hermoso, con gusto a sal todo el día”.
Se trasladó a Buenos Aires y la década del ’70 lo encuentra militando con los secundarios, formándose como cuadro político en las lecturas de todo Perón, Cooke o Mao. “Por ahí anda, en algún lugar perdido, una tapa de la revista El Descamisado donde aparezco con los compañeros de la villa, llevando una bandera a Ezeiza el día que volvió Perón, el 20 de junio de 1973.Tuvimos coraje y huevos para enfrentar a los fachos que tiraban desde el palco pero cuando volvía a casa, casi a la media-noche, y mi vieja me vio todo embarrado, sucio y dolido por dentro y por fuera, volví a ser un pibe mientras ella me gritaba: “¿Adónde estuviste, Germán? ¡Mirá cómo viniste! ¡Ya te vas a bañar y cambiar de ropa inmediatamente!”. La anécdota pinta una postal de una generación donde Germán está presente y que forjaría como bandera la resistencia a la dictadura y la defensa del Estado como bien común de las y los argentinos.
Esta semblanza, al cumplirse un nuevo aniversario de su cumpleaños puede finalizar, para aquellos afiliados y militantes de ATE que no lo conocieron o que apenas tienen una referencia de su figura, a partir de sus propias palabras, traducidas en acción concreta, que enseñan de compromiso y sentido de clase para los estatales.
“Como todos, empecé a militar como parte de un compromiso social concreto, como parte de una mística, como parte de una utopía y como parte de un compromiso de lucha de poder. Caminé por muchos oficios (pintor de autos, encordador de raquetas de tenis, albañil, instalador de vidrios, hasta llegar a ser estatal) tocando de oído en todas partes, pero eso sí, por sobre todo fui y soy un militante popular. Y siempre he sentido esto como lo que es, un acto de entrega permanente”.
Los interesados pueden profundizar sobre la figura de Germán Abdala consultando el libro “Germán Abdala aun nos guía”, del historiador Marcelo Paredes, ingresando aquí.






