En junio pasado el sindicato oficialista eligió dentro de sus delegados a José Luis Blanco, uno de los doce apóstoles de Guillermo Moreno.
De esta manera consiguió la inmunidad gremial necesaria para continuar luego de diciembre al frente la dirección de Encuesta de Grandes Empresas del INDEC, cargo que ocupa, sin concurso ni conocimientos técnicos mediantes, gracias a la intervención del ex Secretario de Comercio en el organismo“Yo soy un profesional del apriete”, solía decir José Luis Blanco, uno de los doce hombres que Guillermo Moreno empleaba como fuerza de choque en el Mercado Central o en las marchas a Plaza de Mayo del 24 de marzo y que, a partir de enero de 2007, se constituyó en el director de Encuesta de Grandes Empresarios del INDEC. Poco importaba no haber concursado o no contar con conocimientos técnicos para la tarea, porque la función que le encomendó Moreno era ser un eslabón más en la cadena de tergiversación de las mediciones estadísticas y apriete a los trabajadores de ATE que se oponían a tales maniobras. Otros dos apósteles también cumplieron tareas en el organismo a partir de la intervención: Rubén Zampino y Hernán Brahim, quienes después fueron removidos.A pocas de semanas de la asunción de un nuevo gobierno, Blanco se incorporó a única lista de candidatos a delegados por UPCN en el instituto. Obtuvo de esta manera la inmunidad gremial que lo resguarda ante eventuales cambios en el personal “político”, que desde 2007 ha robustecido la planta en un 25%.Otros afiliados integrantes de esta lista han sido complacientes con la intervención, facilitándole datos reservados para modificar la verdad sobre los índices de inflación, pobreza e indigencia. Han seguido los pasos de Beatríz Paglieri o de Ana María Edwin, quien pasó de ser directora de Recursos Humanos a directora del organismo. Más de 200 trabajadores fueron removidos de sus tareas. Otros lo hicieron por voluntad propia, aunque determinados por la presión ejercida por la intervención. Hubo jubilaciones compulsivas y recortes de salarios. ATE exige su reincorporación en cada abrazo al edificio, como el que se realizará el viernes próximo a las 13.







