Mientras el gobierno insiste con un relato de estabilidad, las familias trabajadoras enfrentan una realidad muy distinta: alimentos más caros, aumentos en transporte, alquileres, salud y servicios, y una caída del consumo que refleja la dificultad creciente para llegar a fin de mes. Cada punto de pérdida salarial significa menos comida en la mesa, más endeudamiento y más incertidumbre para miles de hogares.
En ese marco, la Junta Interna de ATE INDEC difundió el jueves pasado su Informe Mensual sobre Salario Mínimo y Pérdida Salarial que fijó en 2.202.651,00 pesos los ingresos necesarios en la Región Pampeana, donde se incluye a la provincia de Córdoba, de una familia tipo con dos mayores y menores para cubrir los gastos indispensables para cubrir las necesidades mínimas.

Los nuevos aumentos en transporte público, alquileres, medicina prepaga, medicamentos, energía, comunicaciones y servicios educativos continúan ampliando la distancia entre salarios e ingresos necesarios para vivir. A ello se suma el fuerte encarecimiento de productos fundamentales de la canasta alimentaria —particularmente carnes, lácteos, frutas y verduras— en un país donde incluso la alimentación básica comienza a transformarse en un bien cada vez más inaccesible para amplios sectores de la población trabajadora.
Lejos del relato oficial que pretende asociar la desaceleración parcial de algunos indicadores con una supuesta estabilidad macroeconómica, persiste una economía profundamente desigual, marcada por el encarecimiento del costo de vida, la caída del consumo y un deterioro sostenido del poder adquisitivo. La desaceleración parcial del índice general de precios convive con una creciente carestía estructural y con salarios que continúan perdiendo capacidad de compra.






