En Mina Clavero, ser trabajadora municipal hoy significa vivir con miedo. Miedo a hablar, miedo a acompañar a una compañera despedida, miedo a reclamar un derecho básico. Miedo a quedarse sin horas, sin ingresos, sin trabajo. Esa es la realidad que nos cuentan desde adentro de la municipalidad.
“Si acompaño a Cristina, lo más probable es que me dejen sin horas”, nos dice una trabajadora. Cristina Heredia fue despedida tras 14 años de trabajo en el municipio. Defenderla, solidarizarse, puede costar caro. No es una amenaza explícita: es peor. Es un mensaje que se aprende con los hechos. Esta trabajadora nos cuenta que la última vez que realizó un reclamo por un incumplimiento de parte de la municipalidad con su trabajo. El castigo llegó después del reclamo.
La precarización es total. Monotributistas, sin estabilidad, sin derechos garantizados, obligadas a tener doble trabajo para sobrevivir, sosteniendo como pueden un sistema de salud que se cae a pedazos. Y aun así, sigue yendo. Aguanta faltas de respeto, gritos de coordinadoras, destratos cotidianos, convencida —o forzada a convencerse— de que “es una etapa”.
Esta gestión municipal no solo precariza: retrocede. Derechos que no eran privilegios, sino conquistas colectivas, hoy son barridos de un plumazo.
La arbitrariedad es evidente. A las trabajadoras les dicen que no se pagan horas extras, pero al mismo tiempo traen profesionales de otras localidades y sí les pagan extras. A Cristina la dejaron sin trabajo y, mientras tanto, hace dos meses incorporaron a otra persona de Nono para cumplir la misma función. No es falta de personal: es disciplinamiento.
Desde ATE Córdoba no vamos a naturalizar esta situación. No es solo un despido injusto. Es un modelo de gestión basado en el miedo, la precarización y el maltrato, especialmente hacia quienes sostienen la salud pública. Visibilizar estas voces es una responsabilidad política y gremial. Porque callar también duele, pero hablar colectivamente es el primer paso para frenar el abuso.
En Mina Clavero, las trabajadoras y los trabajadores no están solos ni solas. La dignidad no se negocia. Y los derechos, se defienden.







